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¿Por qué compramos agua embotellada? Historia, crecimiento y consumo en México

¿Por qué compramos agua embotellada? Historia, crecimiento y consumo en México

21.06.2026

Comprar un garrafón o una botella de agua forma parte de la rutina de millones de hogares mexicanos. Está presente en oficinas, escuelas, restaurantes y tiendas de conveniencia. Este hábito es tan cotidiano que pocas veces nos detenemos a pensar cuándo comenzó o por qué se volvió tan común consumir agua embotellada.

Diversos estudios ubican a México entre los países con mayor consumo de agua embotellada del mundo. Algunas estimaciones recientes señalan que ronda los 273 litros por persona al año, es decir que esta forma de hidratarnos ocupa un lugar importante en la vida cotidiana del país.

Sin embargo, este producto no siempre estuvo al alcance de todos ni fue considerado una necesidad. Durante mucho tiempo, fue un artículo asociado con la salud y consumido por sectores específicos de la población. Pero, ¿cómo pasó de ser un producto excepcional a convertirse en parte de la despensa semanal de millones de familias mexicanas?

El agua embotellada era un producto de lujo

La historia del agua embotellada es más antigua de lo que podría imaginarse. Mucho antes de la aparición de los garrafones que hoy conocemos, algunas aguas minerales eran apreciadas por sus supuestas propiedades terapéuticas.

En distintas regiones de Europa, especialmente a partir del siglo XVIII y durante el XIX, los manantiales naturales atrajeron visitantes que buscaban aliviar padecimientos digestivos, respiratorios o dermatológicos. Los balnearios se convirtieron en centros de descanso y tratamiento, y el agua procedente de estas fuentes comenzó a comercializarse fuera de ellos.

Las primeras aguas embotelladas se distribuían en recipientes de vidrio y solían venderse en farmacias. Su consumo estaba asociado con recomendaciones médicas o tratamientos específicos, por lo que no formaban parte de la alimentación diaria de la mayoría de las personas.

agua embotellada

Actualmente el agua embotellada se distribuye en botellas de plástico que pueden ser reutilizadas.

El investigador Peter H. Gleick, autor del libro Bottled and Sold: The story behind our obsession with bottled water, explica que el agua embotellada surgió inicialmente vinculada a una promesa de bienestar. Con el paso del tiempo, dejó de percibirse como un recurso terapéutico para convertirse en un producto de consumo masivo.

¿Cuándo empezó a crecer el consumo en México?

En México, el auge del agua embotellada se consolidó principalmente durante las décadas de 1980 y 1990.

Durante esos años coincidieron varios cambios sociales y económicos. La urbanización acelerada modificó los hábitos de consumo; aumentó la presencia de grandes empresas dedicadas a la purificación y distribución de agua, y el garrafón comenzó a popularizarse como una alternativa práctica para abastecer a los hogares.

Al mismo tiempo, los sistemas de reparto a domicilio facilitaron el acceso al producto. El servicio de entrega periódica permitió que las familias incorporaran la compra de agua purificada a sus gastos habituales, una dinámica que continúa vigente en muchas ciudades del país.

A diferencia de otras regiones donde el agua embotellada se promovió principalmente como un producto asociado al estilo de vida o la conveniencia, en México su expansión también estuvo relacionada con la percepción de seguridad respecto al agua destinada al consumo humano.

¿Por qué los mexicanos compran agua embotellada?

Diversos factores han contribuido a consolidar este hábito a lo largo del tiempo:

  • Desconfianza en el agua de la llave

Investigaciones del académico Raúl Pacheco Vega han señalado que la percepción sobre la calidad del agua influye directamente en las decisiones de consumo.

Aunque la calidad del agua potable puede variar entre regiones y está sujeta a procesos de monitoreo, muchas personas prefieren recurrir al agua purificada porque consideran que representa una opción más segura para beber.

  • Facilidad de acceso

El agua embotellada puede adquirirse prácticamente en cualquier establecimiento comercial. Además, el sistema de distribución mediante garrafones permite recibir el producto directamente en el hogar o lugar de trabajo. Esta combinación de cercanía y comodidad ha favorecido su permanencia en la vida cotidiana.

  • Costumbre familiar

Muchas personas crecieron en hogares donde beber agua purificada era la norma. Con el tiempo, esa práctica se incorporó a la rutina familiar y pasó de generación en generación. Cuando una conducta se repite durante años, suele dejar de cuestionarse y se transforma en parte del día a día.

  • Escasez y eventos que refuerzan el consumo

Las sequías, los cortes en el suministro o los episodios locales relacionados con el acceso al agua pueden influir en las decisiones de compra.

En algunos contextos, estos acontecimientos refuerzan la idea de mantener reservas mediante botellas o garrafones, especialmente cuando existe incertidumbre sobre la continuidad del servicio o la disponibilidad del recurso.

¿Qué desafíos plantea este modelo de consumo?

El crecimiento del consumo de agua embotellada también plantea diversos retos. Uno de ellos es la generación de residuos derivados de los envases, particularmente aquellos de un solo uso. Aunque el empleo de garrafones reutilizables ha contribuido a reducir parte de este impacto, la gestión adecuada de los materiales sigue siendo un tema relevante.

También existe una dimensión económica. Para muchas familias mexicanas, la compra recurrente de agua embotellada representa un gasto fijo dentro del presupuesto del hogar.

Por otra parte, distintos especialistas coinciden en que fortalecer la infraestructura hídrica y promover la confianza en los sistemas de abastecimiento son elementos fundamentales para garantizar el acceso al agua seguraSin embargo, también es importante tener la cultura de revisar y corregir las tuberías internas del hogar, ya que de no hacerlo, ahí el agua puede contaminarse.

La popularidad del agua embotellada en México no puede explicarse por una sola causa. Su historia combina cambios culturales, transformaciones urbanas, estrategias de distribución y decisiones cotidianas basadas en la confianza y la practicidad.

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