¿Qué pasa con el agua después de que se va por el drenaje?
Cuando le echas agua al baño, te duchas o dejas correr el agua del lavabo, probablemente no piensas qué ocurre después. Sin embargo, esa agua no desaparece, se convierte en agua residual y entra al sistema de drenaje para continuar con su proceso de saneamiento.
Una vez que utilizamos el agua en casa, puede contener diferentes materiales y sustancias derivados de nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, restos orgánicos, grasas, jabones y productos de limpieza.
Por eso, el agua que sale de una vivienda no es apta para su uso inmediato. Antes debe pasar por procesos que permitan reducir los contaminantes presentes en ella.
¿Qué pasa cuando el agua se vuelve residual y entra al drenaje?
El agua residual es conducida a través de la red de alcantarillado. Durante este trayecto, las descargas de otras viviendas y establecimientos se incorporan al sistema hasta llegar a las instalaciones destinadas a su tratamiento.
El objetivo es evitar que el agua residual sea liberada sin antes ser procesada, a fin de reducir el riesgo de contaminación. Este proceso permite retirar o reducir distintos componentes nocivos, ya que una descarga sin la depuración adecuada puede afectar cuerpos de agua naturales.
¿Qué sucede después del tratamiento?
Una vez que el agua recibe el tratamiento correspondiente, su destino dependerá de las condiciones y del sistema de saneamiento. El proceso permite obtener agua tratada que puede tener distintos usos permitidos de acuerdo con sus características y la normatividad aplicable.
Por tanto, el tratamiento de aguas residuales es una parte fundamental de la gestión del agua: permite que el recurso utilizado en nuestras actividades cotidianas reciba un manejo adecuado después de pasar por el drenaje. En Aguakan, por ejemplo, el agua que recibe tratamiento es conducida a más de 100 metros de profundidad, donde se reincorpora al manto salino bajo un proceso diseñado para minimizar su impacto en el entorno.
Lo que desechamos cotidianamente influye de forma directa en el funcionamiento del sistema. Para garantizar la eficiencia operativa, es indispensable evitar arrojar al inodoro o al desagüe objetos sólidos, grasas, aceites y sustancias químicas que puedan generar obstrucciones o dificultar la depuración. Adoptar hábitos adecuados respecto a nuestros residuos es una forma directa de proteger la infraestructura y cuidar el medio ambiente.